viernes, 14 de noviembre de 2014

Emprender en regiones: No apto para cardíacos.



Ya no quedan muchas fundiciones en Talca y tampoco se construyen locomotoras en San Bernardo. A la hora de buscar responsables, se podría partir por los santiaguinos, pero, en último término, cuando en la discusión por la sede la universidad regional los alcaldes de Colchagua reclaman contra el centralismo de Rancagua, parece que el fenómeno se repite en todas partes y niveles. Ciertamente hay condiciones estructurales y mecanismos de gobierno que contribuyen al problema del centralismo. Resolverlos es importante y urgente. 
Hay que recordar que la desindustrialización es un fenómeno global, explicado por la integración de mercados, por oferta de mano de obra barata, bajas en los costos de transporte y rapidez en los flujos de información. Ahora bien, puede parecer premio de consuelo, pero al final del día, basta un viaje de Talca a: París o Londres para convencerse que todo Chile es una provincia lejana.
Ser emprendedor e innovador es ciertamente complejo en cualquier parte del mundo, pero en la periferia de un país periférico lo es aún más. Claramente no es para "los débiles de corazón". Cuando uno va de vacaciones a las Torres del Paine en verano cuesta imaginarse lo díficil que es pasar el invierno cuando los clientes no están. En ciudades como Coyhaique, alejada de los mercados internacionales y con una economía local marcada fuertemente por los ingresos de los funcionarios públicos que trabajan ella, son pocos los negocios pueden alcanzar una escala más allá de la mera supervivencia.
A pesar de este diagnóstico, en regiones existen empresas exitosas y en crecimiento. En Valdivia, hay un astillero que produce embarcaciones de alta tecnología. En Arica, una maestranza construyó para Minera Escondida los mayores espesadores del mundo, mientras atendía órdenes por la construcción de generadores eólicos de diseño avanzado. En los campos de la Araucanía se produce la rosa mosqueta que cuida la piel de las más famosas actrices del mundo.
Estos ejemplos sólo muestran pequeños casos puntuales de compañías basadas en regiones que hoy día exportan al mundo. Estos casos muestran que es posible insertarse en la economía internacional, aún cuando viviendo en regiones los costos de transporte sean mayores o nos encontremos lejos de los mercados. La clave parece estar en una combinación de ambición global, competencias y recursos locales.
Si bien la decisión de “regionalizar” Startup Chile tiene algo de voluntarismo, hay beneficios en exponer a nuestros jóvenes emprendedores a individuos iguales a ellos, buenos pal’ carrete y para programar aplicaciones, pero muchísimo más ambiciosos e independientes. Si ese ejercicio se acompañara de la mejora en la infraestrucutura de comunicaciones (por eso fibra óptica y mega data center para la Patagonia, ahora!) y transporte, el ejercicio tendría mejores posibilidades de éxito.
Contamos con profesionales creativos y de buen nivel, hacer ingeniería en Concepción y venderla en Alemania es posible, se puede hacer postproducción en Chile de avisos para el Superbowl en USA, o desarrollar y explotar aplicaciones para bigdata que orientan las decisiones de cadenas de retail con presencia en toda Sudamérica. Todo eso se puede hacer a mayor escala, desde regiones y para el mundo. Siempre y cuando, aprendamos inglés, mejoremos nuestra educación y le perdamos el miedo a los aviones. Y, por último, si la nostalgia de “Chilito” le apremia estando fuera, siempre puede comprar vino chileno en el supermercado y bajar la receta de las empanadas de internet. Al final, la solución de los problemas de concentración de poder y riqueza en Santiago podría pasar por salir al mundo y entender que AMB es sólo un aeropuerto intermedio.