Ya
no quedan muchas fundiciones en Talca y tampoco se construyen locomotoras en
San Bernardo. A la hora de buscar responsables, se podría partir por los
santiaguinos, pero, en último término, cuando en la discusión por la sede la
universidad regional los alcaldes de Colchagua reclaman contra el centralismo
de Rancagua, parece que el fenómeno se repite en todas partes y niveles.
Ciertamente hay condiciones estructurales y mecanismos de gobierno que
contribuyen al problema del centralismo. Resolverlos es importante y
urgente.
Hay
que recordar que la desindustrialización es un fenómeno global, explicado por
la integración de mercados, por oferta de mano de obra barata, bajas en los
costos de transporte y rapidez en los flujos de información. Ahora bien, puede
parecer premio de consuelo, pero al final del día, basta un viaje de Talca a:
París o Londres para convencerse que todo Chile es una provincia lejana.
Ser
emprendedor e innovador es ciertamente complejo en cualquier parte del mundo,
pero en la periferia de un país periférico lo es aún más. Claramente no es para
"los débiles de corazón". Cuando uno va de vacaciones a las Torres
del Paine en verano cuesta imaginarse lo díficil que es pasar el invierno
cuando los clientes no están. En ciudades como Coyhaique, alejada de los
mercados internacionales y con una economía local marcada fuertemente por los
ingresos de los funcionarios públicos que trabajan ella, son pocos los negocios
pueden alcanzar una escala más allá de la mera supervivencia.
A
pesar de este diagnóstico, en regiones existen empresas exitosas y en
crecimiento. En Valdivia, hay un astillero que produce embarcaciones de alta
tecnología. En Arica, una maestranza construyó para Minera Escondida los
mayores espesadores del mundo, mientras atendía órdenes por la construcción de
generadores eólicos de diseño avanzado. En los campos de la Araucanía se
produce la rosa mosqueta que cuida la piel de las más famosas actrices del mundo.
Estos
ejemplos sólo muestran pequeños casos puntuales de compañías basadas en
regiones que hoy día exportan al mundo. Estos casos muestran que es posible
insertarse en la economía internacional, aún cuando viviendo en regiones los
costos de transporte sean mayores o nos encontremos lejos de los mercados. La
clave parece estar en una combinación de ambición global, competencias y
recursos locales.
Si
bien la decisión de “regionalizar” Startup
Chile tiene algo de voluntarismo, hay beneficios en exponer a nuestros jóvenes
emprendedores a individuos iguales a ellos, buenos pal’ carrete y para programar aplicaciones, pero muchísimo más
ambiciosos e independientes. Si ese ejercicio se acompañara de la mejora en la
infraestrucutura de comunicaciones (por eso fibra óptica y mega data center
para la Patagonia, ahora!) y transporte, el ejercicio tendría mejores
posibilidades de éxito.
Contamos
con profesionales creativos y de buen nivel, hacer ingeniería en Concepción y
venderla en Alemania es posible, se puede hacer postproducción en Chile de
avisos para el Superbowl en USA, o
desarrollar y explotar aplicaciones para bigdata
que orientan las decisiones de cadenas de retail con presencia en toda
Sudamérica. Todo eso se puede hacer a mayor escala, desde regiones y para el
mundo. Siempre y cuando, aprendamos inglés, mejoremos nuestra educación y le
perdamos el miedo a los aviones. Y, por último, si la nostalgia de “Chilito” le
apremia estando fuera, siempre puede comprar vino chileno en el supermercado y
bajar la receta de las empanadas de internet. Al final, la solución de los
problemas de concentración de poder y riqueza en Santiago podría pasar por
salir al mundo y entender que AMB es sólo un aeropuerto intermedio.